Psicofertilidad

Psicologia y coaching de la (In)Fertilidad

Autoestima ante la imposibilidad de tener hijos

Podríamos definir la autoestima como la evaluación positiva o negativa que hacemos de nosotros mismos, el modo que tenemos de pensar, sentir y comportarnos respecto a nuestra persona.

Sentirnos bien con nosotros mismos, depende de dos puntos fundamentales:

1.- Aspectos Externos:

Tiene que ver a los objetivos que nos proponemos en las diversas áreas de la vida. Nuestro bienestar personal, será evidentemente mayor si sentimos que estamos en camino y/o llevando a cabo nuestros propósitos en cada una de las áreas de nuestra vida (Familiar, profesional, económica, social, etc.)

2.- Aspectos Internos:

Hace referencia al modo en que nos enfrentamos a la incertidumbre y a las dificultades que se interponen a la consecución de estos objetivos (como puede ser, conseguir descendencia). El cómo y el cuando éstos lleguen, a menudo no depende exclusivamente de nuestro empeño y esfuerzo consciente.

Otra de las cosas sobre la que tampoco tenemos un control absoluto es sobre nuestro estado de ánimo. Podemos trabajar para ser personas positivas y vitales, pero no podemos evitar sentirnos mal (sentir tristeza, rabia o cierta angustia) ante situaciones que escapan de nuestro control y que nos desagradan (como el hecho de no poder tener hijos de manera natural). La medida en que permitamos que éstas emociones estén, hará que consigamos pasar y superar de un modo más sano, estos momentos de malestar.

No es objetivo de este artículo facilitar estrategias para adaptarnos y convivir mejor con nuestras emociones, pero sí dar a entender que para conseguir que nuestra autoestima sobreviva ante situaciones difíciles, el primer paso es entender de qué depende y posteriormente en otro artículo, facilitaremos algunas estrategias para empezar a entrenarla.

¿Cómo se resiente nuestra autoestima, ante el hecho de no poder tener un hijo?

Formar una familia y tener descendencia, como ya hemos comentado, es un objetivo externo que lamentablemente no depende exclusivamente de nuestro propósito consciente. El hecho de no poder tener hijos, conlleva la demora de nuestros proyectos vitales con nosotros mismos y con la pareja, generando un sentimiento de frustración y tristeza.

A menudo la actitud que adoptamos es la de auto-responsabilizarnos por ello (“debería ser capaz de conseguirlo”) y/o poner en duda nuestra feminidad o masculinidad, asociándola meramente a nuestra capacidad reproductiva.
En otras ocasiones adoptamos  la actitud contraria, la de desesperanza y falta de control sobre la situación (“todo me pasa a mí”, “nunca lo conseguiré”)

El modo en que enfrentemos este malestar, será lo que hará que nuestra autoestima permanezca sana y/o incluso salgamos reforzados, o al contrario que se resienta y disminuya.

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Esta entrada fue publicada el marzo 6, 2012 por en Autoestima e infertilidad.
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