Psicofertilidad

Psicologia y coaching de la (In)Fertilidad

Aprender de nuestras emociones

Las emociones son reacciones psicofisiológicas (de nuestro sistema nervioso central) que aparecen en respuesta a un pensamiento generado por una situación determinada.

Nuestras emociones, son respuestas naturales y adaptativas a los diferentes estímulos de nuestro día a día y tienen gran valor para desenvolvernos en la realidad.

Pasemos por un momento difícil (como la incapacidad de ser padres) o por uno positivo, cada una de nuestras emociones tiene una función clara (a continuación veremos cuál) y es sano y necesario prestarles atención, permitirlas y escuchar qué nos están diciendo.

Darwin, en su libro “La expresión de las emociones en el hombre y los animales”, describió cuatro emociones primarias básicas que compartimos con los mamíferos superiores. Éstas eran:

  • Rabia: Su función principal es la de atacar y responder al entorno.
  • Tristeza: Su función primordial, la de recogernos y cuidarnos para poder recuperar energía.
  • Miedo: En momentos donde el peligro es potencial y superior a nuestras posibilidades, tiene como objetivo, huir y protegernos.
  • Alegría: La función final es la de provocar la activación del sistema nervioso que nos induzca a reproducirnos.

De ellas se derivan la mayor parte de emociones secundarias, como la culpa, vergüenza, desesperación, orgullo, entre otras, pero todas y cada una de ellas suelen ser una derivación de estas cuatro emociones primarias.

¿Cómo aplicamos esto a la infertilidad?

Las emociones de tristeza, desesperanza, miedo o rabia en algún momento del proceso de infertilidad son totalmente naturales, sobretodo dependiendo del número de intentos, el tiempo acontecido desde el inicio de los tratamientos, así como otras situaciones estresantes que puedan estar aconteciendo en la realidad de la mujer o de la pareja.

Sin embargo, a menudo seguimos llevando a cabo nuestra vida del mismo modo a que si no estuviéramos pasando por el proceso. Nos “obligamos” a mantener el mismo rendimiento en el trabajo, a “hacer buena cara”. O bien, no expresamos lo que sentimos por “no preocupar”, “no molestar”. O no nos sentimos con derecho a sentirnos mal o no lo “creemos necesario”

Y con ello no estamos diciendo que tengamos que cambiar nuestros hábitos o manera de comportarnos con los demás, ni mucho menos, pero sí aumentar nuestra atención para llevar a cabo, lo que realmente necesitamos en cada momento.

La habilidad que tengamos para parar, escuchar, respetar y responder de manera equilibrada (y no animal) a lo que nuestras emociones nos dicen, será de vital importancia para sobrellevar de la mejor manera este momento de vida.

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Esta entrada fue publicada el marzo 7, 2012 por en Emociones e infertilidad.
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